Hace unos meses, se quemó la casa de unos vecinos. Esa noche me demoré un poco más de un minuto en vestirme y en llegar a la casa. Pero ya no había mucho que hacer, de hecho, lo más lógico era empezar a desalojar la casa de al lado. Nunca había sacado cosas tan pesadas tan rápidamente.Octubre 2005
Octubre 28, 2005
Hace unos meses, se quemó la casa de unos vecinos. Esa noche me demoré un poco más de un minuto en vestirme y en llegar a la casa. Pero ya no había mucho que hacer, de hecho, lo más lógico era empezar a desalojar la casa de al lado. Nunca había sacado cosas tan pesadas tan rápidamente.Octubre 26, 2005
Usaba uniforme, lo único que hacía era bostezar y la idea era dejar de escuchar…
No movía un músculo en todo el día, pensaba puras tonteras, gran época de mi vida, jeje.
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Octubre 26, 2005
A los 15 años conocí a un personaje algo desaliñado que recién (calculo) había superado los 30 años. Soltero, alto, muy delgado, de pelo largo castaño claro, muy chascón, de ojos algo cansados y genio liviano. Su medio de transporte era una bicicleta a mal traer, comía gracias a puros “pitutos” y vivía en una pequeña casa con su familia que no era nada menos que un perro. Nuestra relación fue breve y, a los ojos de los demás, parecía más un pervertido engatusando a una adolescente que una tierna amistad. Pero la verdad es que fue amistad. Octubre 24, 2005
Si hubiera cerrado esa puerta, si te hubiera dado el masaje que me pediste, si me hubiera despedido susurrándote algo al oído, si me hubiera quedado más días, si te hubiera dicho lo bien que me hacías sentir, si te hubiera contado más de mí, si te hubiera vuelto a llamar por teléfono, si te hubiera acariciado el pelo cuando dormías junto a mí, si…
Octubre 22, 2005
Alcancé a pasar los primeros 22 años de mi vida acampando todos los veranos con mi familia. No hubo ni un sólo verano sin poner nuestras carpas sobre tierra, arena, piedrecilla o lo que hubiera. Hoy ya no puedo hacerlo, pero sé que cuando se den las condiciones, lo volveré a hacer porque ya es parte de lo que defino como “vacaciones”.El primer verano sin armar una carpa fue extraño: echaba de menos el desconectarme de los ruidos, de los tacos y de playas atestadas de gente. Para mi, marcaba la diferencia el alejarme de todo eso y estar en medio de la naturaleza. Y además, el permitirme estar en lugares en los que conocías todo tipo de personas, provenientes de diversos lugares, todos iguales, sin diferencia entre unos y otros (técnicamente no existe una carpa más bonita que la otra).
En nuestros trayectos apenas pasábamos por las ciudades a comprar cosas que nos faltaban, una foto
en la plaza y listo… a seguir viaje.Tengo recuerdos increibles de todos los veranos que anduve recorriendo gran parte de Chile, tanto el norte como el sur, pero principalmente “devorándonos” la X Región. Cualquier cambio de rumbo era auspiciado por nuestra guía eterna: la Turistel.
Más de niña, recuerdo esa carpa que parecía más propiedad de un circo ambulante que de una familia cualquiera, con una tela gruesa y pesados fierros que se llevaban en una bolsa aparte. Ni explico la revolución que causaron (en su época) las nuevas carpas tipo iglú (Doite), que redujeron el tamaño y peso de las carpas en forma considerable.
Foto1: esta foto me la tomaron por casualidad hace un par de años, sin saber yo que hasta el minuto es la última vez que he desarmado una carpa. Snif!
Octubre 19, 2005
Quiero bailar un lento. Hace mil años que no bailo uno. De esos apretados en los que uno apenas se mueve, jeje.
Cuando era chica los “malones” eran un clásico: nos juntábamos en la casa de una amiga a la que siempre le daban permiso (su mamá llegaba siempre muy tarde y su papá sólo la veía los domingos… siempre pensé que la dejaban hacer de todo por un sentimiento de culpa medio escondido).
Era en esas fiestas en las que, luces apagadas mediante, bailé mis primeros lentos… con mariposas en la guata incluídas. Aquí se planeaba cada movimiento como la “sacada” a bailar, lo que propiciaba todo tipo de acercamientos amorosos (bueno, de cierto tipo no más, si éramos prepúberes recién).
Pasábamos toda la noche sentados (con la música de la época de fondo) apenas viéndonos
Eso era antes. Ahora no hay dónde mierda bailar si no es una disco atestada de gente (peor si es farandulizada) que retumba sola de tantos ritmos como el reggeaton o el hip hop (en sus infinitas variaciones). Cuando se dice “vamos a bailar” se asume que se irá a mover el cuerpo a un lugar donde se baila eso, y no otra cosa. No niego que me he pegado sus buenos bailes en estos lugares y que lo he pasado bien, pero también me gusta la variedad.
Protesto señores!! Exijo que volvamos al romanticismo de antaño!!