Libros que marcaron mi infancia, de los que aún puedo rescatar detalles. Reconozco que aluciné con esta construcción de un mundo paralelo. Porque si veo un ropero en una pieza deshabitada me acordaré de estas historias. Por que recuerdo con lujo de detalles sentirme como sintió Lucía al pasar de ese viejo y abandonado ropero al extraordinario mundo de Narnia. El escuchar cada tímido paso que dió al ser la primera en llegar. Al conocer esos extraños personajes que la invitaron a tan cálidos lugares en un mundo tan frío como el de Narnia.
Porque uno se identificaba con la curiosidad propia de un niño como Edmundo, con la cautela de Susana y con el poder de decisión de Pedro.
Inolvidable la descripción del aspecto de la Bruja Blanca. Recuerdo las veces en que aparecía cuando nadie se lo esperaba, tomando acciones que desencadenaban sólo problemas.
El sufrimiento de Aslan, ser de vida, rodeado de pura muerte. Su sufrimiento en esa fría roca es una clara referencia a Jesús.
Para mí, los libros bien escritos (y las buenas películas también) son aquellos que logran sacarme de este mundo para llevarme a otro, permitiéndome identificarme con los personajes y entender lo que piensan ó sienten. Éstos libros logran eso y pese que hace muchos años que quedaron -casi literalmente- en el baúl de los recuerdos, aún puedo referirme a ellos como si hubiera ocurrido una lectura reciente.
No sé si sería lo mismo retomar en esta etapa de mi vida esos libros… ¿serán leídos con la misma inocencia y expectación de antaño?, ¿no me parecerá nada más que un cuento de niños?, ¿perderá toda su gracia?
Veremos si me entusiasmo con la película primero… tal vez sea extraño ver en imágenes todo lo que alguna vez me imaginé. Espero no pierda el encanto y salga del cine con ganas de desenpolvar alguno de esos siete volúmenes.