agosto 2005


Largos, cortos, dulces, tristes, apasionados, apagados… y varias más palabras podrían asociarse al momento en que das y/o recibes un beso.
En mi caso particular, he pasado por más de una sensación al dar o recibir uno. Nunca he preguntado si puedo dar uno, ni tampoco he solicitado que me lo den. No va conmigo. Como que pierde la gracia de la espontaneidad, que tanto me agrada.

Al pensar en esto, me remoto a mis inicios en este tipo de experiencias… como una forma de plasmar un par de anécdotas que en un momento de mi vida, tal vez por razones naturales, olvidaré.
Cuando recuerdo cómo fue mi primer beso, me viene a la memoria no una, sino dos situaciones. Ambas difieren en el hecho de que técnicamente el primero fue contra mi voluntad, a diferencia del segundo.

El primer ósculo (genial esa palabra) que recibí en mi vida, ocurrió un verano en el que mi carnet indicaba escasos 11 años. Un grupo de amigos partimos como era usual a la piscina en la cual sólo algunos eran socios, los otros se hacían pasar por hermanos (ya que cada socio podía llevar sólo un acompañante).
Resulta que había un amigo de mi hermano que llevó a su primo (ambos unos 3 o 4 años mayores que yo) los cuales, una vez dentro de la piscina, no encontraron nada mejor que uno agarrarme por detrás y el otro (el primo) tirarse encima mío en busca de conseguir su objetivo. Imagino que en el contexto de una broma tal vez haya sido “chistoso”, pero para mí no fue más que una lucha en la que me defendí a manotazos, patadas… con la agravante de haber tragado demasiada agua como para salir a la superficie tosiendo y protestando por tal infamia. ¿De romántico? Nada.

La otra situación ocurrió como al año después en el living de mi casa con el vecino que me gustaba. Luego de que su hermano chico tuviera un accidente, llegó a mi casa pidiendo algo con qué auxiliarlo (no sé si el chico se cayó, se quemó, lo mordió un perro… creo que nunca me importó la causa, a mí me temblaba todo por tenerlo a él en mi casa). Convenientemente estaba sola en ese momento, lo hice pasar y se sentó en el living (¿¿??,¿y la emergencia?, nunca supe y como ya dije, tampoco me interesó). No recuerdo como fue, pero en un instante se me acercó y me dio (creo) uno de los mejores besos que me han dado en mi vida. No sé si técnicamente ha sido el mejor beso (nunca he pensado en hacer un ranking), pero al estar acompañado del deseo de que ocurra, lo hace prácticamente el mejor.

Y bueno, esas son el par de historias que definen mi inicio en este tipo de experiencias. Una, resultado de la inmadurez propia de un par de pre-adolescentes y la otra, el inicio de lo que tal vez fue mi primera historia de amor.

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Desperté cantando esta canción…
TIMING (K. Johansen)
(Succ… ess… succ… ess… sucks…)
If you want to be afraid, just be afraid
If you want to go back home, just go back home
If you want to comb your hair, just comb your hair
If you want to be alone, just be alone
If you want to watch the sea, just watch the sea
But do it now, timing is the answer
Do it now, timing is the answer to success
If you want to give a kiss, just give a kiss
If you want to fall in love, just fall in love
If you want to never know, just never know
If you want to throw a fit, just throw a fit
If you want to give a show, just give a show
But do it now, timing is the answer… to success
I suppose, I suppose
And if you want to weoh, weoh!
Just weoh, weoh hoh!
If you want to tralala!
Just tralala!
If you want to booh hooh!
Just booh hooh hooh!
And if you want to salama, salama
Just salama, salama!
But do it now, don’t doubt
Timing is the answer…
And if you don’t know where to go
And if you don’t know what to say
And if you don’t know what to do
Just do it now
Ahhh! just do it now
Timing is the answer… to… succ… ess!
Diferencia de sólo un par de horas, de unas semanas. Unas cuantas cuadras, varios kilómetros. Tiempo y espacio que separan… y el sentimiento que se devanece. ¿Lo hace realmente? ¿O es sólo que trato de enterrarlo para no sentirlo en la superficie?
Espero el encuentro… pero eso no depende de mí.
Estoy atada de manos… me desespero. Hice todo lo posible. En fin, dejo todo al azar.


Hace días que me está rondando una idea… que tiene que ver con algo que creo me ha pasado en varias ocasiones “especiales”. No sé si será una rareza o qué, pero ha sido importante en el sentido que ha definido mi vida en muchos aspectos.

Me explico: cuando he estado involucrada en relaciones, en ciertos momentos (con mi pareja en cuestión) como que siento un clic que me dice “este es el tipo con el que quiero estar”o “esto no da para más” o “no hay caso, no me gusta”, etc. Es como que si “se me iluminara el camino”… para bien o para mal, pero se me ilumina. Esto no significa que me esté mandando mensajitos a cada rato (hacer eso sería más que agotador, y no podría disfrutar nada en mi vida), pero es algo que me ha pasado… y varias veces.

Se podría confundir con las clásicas “mariposas en la guata” (en el caso que el susodicho me gustara), pero esto se aplica también cuando siento que la cosa no tiene futuro, así que no me conformo con denominarlas de esa manera. Tal vez, un 6º sentido o algo así, pero tengo la sensación que ese término se aplica más a lo sobrenatural, y la verdad es que no me siento más que una simple mortal.

Lo que sí puedo afirmar es que este “clic” es absolutamente innato (no creo que se pueda “entrenar”), rápido (dura sólo unos segundos) y fuera de todo ámbito racional (está más ligado a lo que se siente que a lo que se piensa, de hecho, cuando lo piensas demasiado como que desaparece, tal vez al buscarle lógica pasa esto).

Lo más extraño del asunto es que algunas veces le hecho caso a este “instinto” y digámoslo, me ha servido tanto para acercarme y jugármela, así como para salir corriendo antes de que la cosa se ponga mala. Otras veces, al parecer, no le he prestado mucha atención y, oh casualidad, eso me pena después (“debí haber hecho esto”, “porque no le dije esto otro”).

En fin… creo todos tenemos algo de animales, algunos lo ocultan más que otros, pero todos seguimos siéndolo. Por lo que, si mi veta animal pasa por este “instinto”… no creo que esté tan mal, ¿o no?

Hoy mis papás están de aniversario de matrimonio. Creo que 30 años son demasiados. No deja de darme miedo… creo que de alguna u otra manera se impone como “lo ideal” en mi vida futura. Esto no es más que el modelo que nos metemos en la cabeza de pendejos de cómo las cosas deben ser, de acuerdo a cómo fueron nuestros padres. Eso sí, este tema tiene sus excepciones cuando sabemos que hay errores que nuestros padres cometieron y en los cuales nosotros esperamos nunca caer.
En este punto es donde recuerdo el par de veces en que en mi casa no me creían cosas que pasaban en el colegio… no, yo era la culpable, la que pudo haber evitado, que nos decepcionas, etc, etc. Yo de chica siempre senti que la justicia era lo más importante, así que cuando sentía que no era escuchada, que más encima yo tenía la culpa (de algo que por donde lo vieras no era así) y que era la “mala”; no podía menos que sentir una impotencia que casi me ahogaba. No tengo un recuerdo concreto de este tipo de situaciones, pero si recuerdo el sentimiento de impotencia.
Ah!, de lo que sí me acuerdo es de lo que me pasó en 8º básico. Conocí a una gran amiga, pero a ojos de mis papás era “una mala junta” porque fumaba y tomaba a esa edad (bueh, año 2005 tal vez no sea “tan grave”, pero hace 15 años eran pocos los que lo hacían). Me recalcaban esa frasecita que hasta el día de hoy odio con toda mi alma:”dime con quién andas y te diré quién eres”, mientras yo daba mil explicaciones de que si ella era así, yo no tenía porqué seguirle los pasos, que no me tenían confianza, etc. Esto duró el año completo, mis papás a fin de año se resignaron, me seguí juntando con ella, pero sólo hasta diciembre… la cambiaron de colegio.
Esto es algo que no me gustaría “reproducir” en mi propia familia, el permitir que mis hijos no sean escuchados. Creo que es igual difícil el ser padres, lo veo al mirar a los míos y ver que cometen errores hasta el día de hoy. Pero también lo es ser hijos, de eso nadie habla, porque se asume…. uno “debe ser no más” (respetuoso, responsable, ordenado, cariñoso, etc).
Pero ellos son ellos y yo soy yo. El modelo (que es un buen modelo dentro de todo) lo tengo más que interiorizado, pero trato de mirarlo tomando cierta distancia, recordando que no existe la perfección, que yo tengo mi propio camino y que lo más seguro es que me caiga también.
Así que pese a todo, estoy muy agradecida, por lo que me han dado y enseñado…
gracias a mis padres y felicidades!!!

Esta semana fui a una reunión de apoderados. Hace años que no iba a una. Llegué temprano y me dí un par de vueltas por mi ex colegio, creo que evitando estar más minutos de los necesarios dentro de esa sala atestada de gente exhausta de la pega y ansiosa porque lo que está a punto de empezar, empiece lo más rápido posible. Todos… excepto la directiva completa.
Y entré. Me senté lo más atrás posible, como para tener una vista más panorámica del cuento. “Comenzamos con una actividad grupal acerca de la solidaridad, ya que estamos en el mes de la solidaridad” (mi cara de espanto fue brutal… menos mal estaba atrás).
En menos de un minuto me ví sentada en círculo, con 5 “papás” más, conversando acerca de cuál sería la manera de educar “a nuestros hijos” en la solidaridad… menos mal, nos daban café. En un momento me dije, quedarme callada y asentir como estúpida sería lo más fácil, pero no, hagamos otra cosa. Partí diciendo un par de cosas algo simples para terminar argumentándole a una asistente social el porqué donar los 3 pesos en el supermercado, no me hace solidario. Me miró con cara de estupor, quiso decirme otra cosa (frente a esta “mocosa” que le derrumbaba su creencia), pero el ambiente de “cordialidad” parece que no la dejó.
Después de dejarle mensajitos ” a nuestros hijos” en el diario mural, se siguió con lo típico: rendimiento escolar, actividades varias, comportamiento en clases… hasta que la profe jefe comenta que en la última fiesta de colegio supo que hubo alumnos que querían ingresar una botellita de ron (mmm). A lo único que atiné fue a reírme, sintiéndome 100% identificada con una realidad a la cuál yo pertenecí (¿o pertenezco?).
Hasta que se nombró la palabra “droga” dentro de una frase que no afirmaba nada, pero que inquietaba a muchos. Ví como señoras cuchicheaban entre ellas algo inquietas por aquella palabra, negando por completo su presencia dentro del curso, o alegando en contra del colegio. Al otro lado, piernas masculinas que se movían nerviosas bajo las mesas. Y la profe, insistiendo que la posibilidad de consumo está en todas partes, que es importante el vínculo padres- hijo, etc.
Es increíble como tan sólo nombrando esa palabra se generen tantos problemas para estos papás. Como si no supieran que está en todas partes, incluso dentro del recinto por el que pago miles al año. ¿Se supone que el colegio debe velar porque esto no pase? ¿el colegio es el responsable de la educación de mi hijo? Sí, en parte. Pero la tarea parte en casa.
Me da rabia sólo pensar que lo más probable es que haya un grupo de estos papás que ni saludan a su hijo al llegar de la pega, que se conforman con entregarles el regalo más caro para el cumpleaños y la navidad, que tal vez nunca los han abrazado ni jugado con ellos y que, al mismo tiempo, les exigen el mejor promedio del curso (“si total, te tengo en el mejor colegio”). Conozco gente que con suerte terminó octavo básico y que sí saben de la importancia de querer al otro más allá de lo que éste “debería ser”, dándose por completo a una amistad sincera y no viendo al otro como un “negocio”, en el cual “invierto” para tener luego “ganancias”.
Bueno, menos mal mi hermana tiene buenas notas (para eso mi papá paga), jeje… y menos mal que asistir a esto no fue más que una excepción.
Creo que mi iniciativa de empezar esto, fue porque simplemente necesitaba descargarme luego de semanas muy agotadoras, de sentir que tengo algunas historias aún no contadas y de haberme dado cuenta de que necesito poner en palabras aquello que me ronda en la cabeza más horas de las que estoy despierta.
Analicé un par de soluciones… con mis amigos, tirar mierda… no, prefiero dedicar ese tiempo a reíme un rato… mi familia, menos, sería bajarlos más aún… ir a un colega a plagarlo de mis inquietudes, no money… y como no puedo terapearme a mí misma (lamentablemente), decidí escribir y como me he interesado en leer algunos blogs ajenos, pensé en la posibilidad de tener uno propio.
Ahora, hay algo que no puedo obviar… cada palabra que acá escriba, quizás que personaje extraño lo lea… en realidad, creo que dedicarle más de tres líneas a esto no tiene ni pies ni cabeza: sería como un psicopateo virtual.
Y empezamos mal. El día en la pega, horrible. Sistema de salud chileno, deplorable. Cifras, diagnósticos, ahí llegan los recursos. Hagamos que la gente siga creyendo que todos somos unos depresivos, démosles pastillitas, si total cuál es el problem. Hay recursos.
Agota el sistema. Secretarias con cara de poto, mandando a los pacientes a hacer una cola interminable por remedios, a que sean los primeros en llegar, para que alcancen a sacar número. Descifrando recetas inintelegibles, sin definición alguna.. como las rayas que le hacían al sr. lápiz para que dibujara. Ups. La edad.
Soy una privilegiada. Eso lo sé. Tal vez, más que “hablar de” el problema sea no hacer nada para cambiarlo.
Mmm.