Largos, cortos, dulces, tristes, apasionados, apagados… y varias más palabras podrían asociarse al momento en que das y/o recibes un beso.
En mi caso particular, he pasado por más de una sensación al dar o recibir uno. Nunca he preguntado si puedo dar uno, ni tampoco he solicitado que me lo den. No va conmigo. Como que pierde la gracia de la espontaneidad, que tanto me agrada.

Al pensar en esto, me remoto a mis inicios en este tipo de experiencias… como una forma de plasmar un par de anécdotas que en un momento de mi vida, tal vez por razones naturales, olvidaré.
Cuando recuerdo cómo fue mi primer beso, me viene a la memoria no una, sino dos situaciones. Ambas difieren en el hecho de que técnicamente el primero fue contra mi voluntad, a diferencia del segundo.

El primer ósculo (genial esa palabra) que recibí en mi vida, ocurrió un verano en el que mi carnet indicaba escasos 11 años. Un grupo de amigos partimos como era usual a la piscina en la cual sólo algunos eran socios, los otros se hacían pasar por hermanos (ya que cada socio podía llevar sólo un acompañante).
Resulta que había un amigo de mi hermano que llevó a su primo (ambos unos 3 o 4 años mayores que yo) los cuales, una vez dentro de la piscina, no encontraron nada mejor que uno agarrarme por detrás y el otro (el primo) tirarse encima mío en busca de conseguir su objetivo. Imagino que en el contexto de una broma tal vez haya sido “chistoso”, pero para mí no fue más que una lucha en la que me defendí a manotazos, patadas… con la agravante de haber tragado demasiada agua como para salir a la superficie tosiendo y protestando por tal infamia. ¿De romántico? Nada.

La otra situación ocurrió como al año después en el living de mi casa con el vecino que me gustaba. Luego de que su hermano chico tuviera un accidente, llegó a mi casa pidiendo algo con qué auxiliarlo (no sé si el chico se cayó, se quemó, lo mordió un perro… creo que nunca me importó la causa, a mí me temblaba todo por tenerlo a él en mi casa). Convenientemente estaba sola en ese momento, lo hice pasar y se sentó en el living (¿¿??,¿y la emergencia?, nunca supe y como ya dije, tampoco me interesó). No recuerdo como fue, pero en un instante se me acercó y me dio (creo) uno de los mejores besos que me han dado en mi vida. No sé si técnicamente ha sido el mejor beso (nunca he pensado en hacer un ranking), pero al estar acompañado del deseo de que ocurra, lo hace prácticamente el mejor.

Y bueno, esas son el par de historias que definen mi inicio en este tipo de experiencias. Una, resultado de la inmadurez propia de un par de pre-adolescentes y la otra, el inicio de lo que tal vez fue mi primera historia de amor.

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