noviembre 2005


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Hace muy poco incentivaba a una amiga para que hiciera el curso de manejo, lo que hizo que recordara cómo fue cuando yo lo hice.
En la época que me decidí a aprender ya era obligatorio hacer el curso, por lo que partí a inscribirme al lugar que me habían recomendado. Ese mismo día me presentaron al que sería mi guía en las clases prácticas.
Resultó ser una de las personas más simpáticas que he conocido: liviano de sangre, con la talla a flor de piel y siempre con una sonrisa en la cara. Así, me fue bastante agradable hacer el curso, sabiendo que cualquier error era parte del proceso.
Recuerdo la última clase: ya más perita en lo que a conducción refiere, me animó a manejar más rápido y prendió la radio. Era la Futuro… rock setentero… y yo disfrutando la última media hora picando un auto cuyo techo tiene un letrero de “A en Práctica”. Genial.

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La peluquería no es mi lugar. Toda mi vida he sufrido yendo a ese lugar atestado de viejas con tintura hasta en la frente, con gorros plásticos y con la cabeza bajo esas máquinas que expelen calor.

Debe ser por eso mismo que nunca he dejado de ir a la misma peluquería: ya sé a lo que voy y cambiar ese ambiente para arriesgarme con uno nuevo, sería algo perturbador.
La gente que atiende ahí es agradable, el único problema es cuando me preguntan cómo me ha ido con mis pacientes y hay una vieja sapa justo al lado mío. Ahí es cuando ésta se aprovecha y se larga conversándome de su nieto hiperactivo casi condicional en el colegio, de los problemas que tiene su hija con su marido irresponsable… hasta de un conflicto surgido con un vecino, que lleva -por supuesto- a hacer un análisis del estrés que abunda entre los chilenos.
Últimamente, he tratado de hacer mi estadía ahí algo más llevadera. Es así como abstraigo mi mente hacia otros mundos (sólo cuando no hay viejas sapas), tratando de soportar los olores químicos de los productos que ahí se usan y del aire ya caliente por tanto secador de pelo encendido. Mismo procedimiento usado para ir al dentista. Control mental le llaman.

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“Eres un crío y en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto por Miguel Ángel lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual… lo que haga falta. Pero tú no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me harás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos. Pero no puedes decirme que se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra me citarás algo de Shakespeare “De nuevo en la brecha amigos míos”. Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel. Al darle tu amor, darlo todo. No sabes lo que es dormir en un hospital dos meses por que los médicos vieron que el término horario de visitas no va contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente. Veo a un chaval creído y cagado de miedo. Eres un genio Will eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio piensas que sabes todo sobre mi por que viste un cuadro y rajaste mi puta vida de arriba abajo. Eres huérfano, ¿verdad?. ¿Crees que sé como ha sido tu vida, quién eres, por haber leido Oliver Twist?, ¿un libro basta para definirte?. Personalmente eso me importa una mierda por que no puedo aprender nada de ti de un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quien eres… estaré fascinado. A eso me apunto pero no quieres hacerlo, te aterroriza decir lo que sientes”.
Robin Williams
Una cadena de televisión premió al mejor blog del año 2005. Éste se llama mujer gorda en el que un argentino cuenta la historia de Mirta y su familia (los Bertotti). Breves historias cargadas de notable humor… absolutamente recomendable.

Existen características propias de cada uno que a veces incomodan, pero que no debieran definirse como defectos, ya que no necesariamente se caracterizan por ser “negativos”. En este post (creo uno de los más personales que he escrito) explico algunas de estas características que creo han humanizado mi carácter algo frío y racional.

– Reacciono lento cuando me pasan algunas cosas, especialmente aquellas que me tocan la fibra emotiva (los te amo, esto no da para más, etc. son de lenta digestión y sus reacciones posteriores son bien estudiadas). Creo que, en ese ámbito, pese a que busco bien en mis sentimientos, al final, la pienso más… de hecho, no me veo en una escena de celos (por lo menos, no la he hecho hasta ahora).
– Todo lo que aprendo pero que no practico, se me olvida (esto es siempre, lo que me ha acarreado más de algún problema). Ejemplo clásico: por más que me enseñen no sé comprimir/ descomprimir archivos.
– No sé inflar globos (bueno, hay gente que no sabe silbar, yo ahí me defiendo).
– Si me subo a una silla para arreglar algo me mareo… tengo que hacerme las ganas, pues despegar mis pies del suelo es algo que me desagrada mucho (lo raro es que en edificios no me pasa lo mismo). Ahí debe ser el por qué creo ser una de las pocas personas que ODIA ir a Fantasilandia.
– Cuando me hacen cosquillas de manera muy brusca, me… duele (¿?).
– Camino rápido y miro la cara de la gente, pero no proceso información (o sea, es más que nada una visión panorámica, cosa de no caerme o chocar con algo/alguien… entonces, no ando procesando rostros, ni situaciones… soy lo que se denominaría una volada).
– Siempre ando pensando en más cosas de las que estoy atendiendo en ese momento.
– Soy pésima para mentir… a las inocentes víctimas de mis escasas mentiras, tengo algo que decirles: ¡¡son unos pavos!!

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