Cocino lo que se me ocurra y si quiero no lo hago.

Puedo andar con cualquier pinta o, al salir de la ducha, demorarme mil horas en vestirme, mientras hago cualquier otra cosa.
Prender la radio a todo volumen, cantar, saltar y bailar el rato que me plazca.
Dormir las horas que quiera y sin mayores remordimientos.
Ver las películas que aún no he visto, sin interrupciones (lejos, la peor es el teléfono).
En definitiva, funcionar a mi ritmo, sin presiones, nunca dejando de lado mis responsabilidades (mi inquieta conciencia no me lo permitiría), pero disfrutando “mis” momentos. Esos en los que estoy con la señorita soledad.
Y lo que sería algo así como la canción del día:

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