agosto 2006


Estoy celebrando un cumpleaños: Mi blog hoy cumple 1 año de vida.
La verdad es que he escrito más palabras de las que pensé algún día escribir (éste es el post número 140) y, también, recibí más visitas de las que imaginé (miles de ellas).
Es increíble como, con el paso del tiempo, este espacio se convierte en algo tan tuyo… aquí he relatado más de una infidencia, contado más de alguna historia, comentado más de una película y dejado más de una canción. Y todo es tan mío y tan público al mismo tiempo.

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Agradezco todas aquellas personas que pasaron por acá. Los que alguna vez pasaron, los que van y vienen y los que ya llevan tiempo viniendo.
Ahora espero tomarme un tiempo, encontrar nuevas motivaciones y crear nuevos espacios. Seguiré visitando a los de siempre, porque es algo que me agrada mucho.
Me
voy, pero dejo la puerta entreabierta, porque no pienso desaparecer.
Puede ser que vuelva, pero más renovada. Para seguir buscando las palabras… ésas que aún no encuentro.

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En la insistencia de muchos a ponerle nombre a todo, es que ahora existe una nueva forma de nombrar a las parejas que deciden no tener hijos: se les llama DINKI (Double Income, No Kids; Doble Ingreso, Sin Hijos).
Es así como estas parejas dejan de lado la paternidad para desarrollarse más en el ámbito profesional. Se dice que son ambiciosos, que invierten en viajes y en la decoración del hogar. Que -además- tienen tiempo para cuidar su imagen y mantener una nutrida vida social.
Éste estilo de vida va en aumento tanto en Europa como en Estados Unidos, especialmente en los menores de 35 años.

¿Y en Chile? ¿Cómo es visto esto? Tal vez para algunos sea un acto de egoísmo en el que soy incapaz de pensar en otra persona que no sea yo, en otras palabras, en que no quiero “formar familia” (asumiendo que ésta sólo se constituye con la llegada de los hijos y que por lo mismo, es el fin del matrimonio). Probablemente, para otros, esto pueda empezar a pensarse como una buena alternativa… un poco “loca” tal vez.

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De los tres personajes que marcaron -académicamente- mi paso por la universidad, hay uno al que recuerdo de manera especial. Me refiero a un caballero de edad, canoso y alto, que más bien parecía el doble del viejo pascuero que un profesor universitario. Por el hecho de dictar una cátedra de Neurología, es que durante años ha sido conocido por “neurito” (uno de los componentes de la neurona).
Reprobé su ramo (como la gran mayoría de mis pares) y al año siguiente me propuse no rendirme aunque los
resultados no fueran los más deseables. Y eso era lo que él buscaba: generar en sus alumnos un espíritu de superación que nos llevara a querer saber más.
Era de esos profesores que más que enseñarte ciertos contenidos, te enseñaba de la vida. Así es como una vez, entre apuntes y libros, nos dió una definición de la palabra “franqueza”:
Franqueza es: “decir, no todo lo que se piensa, sino lo todo lo que hay que decir”.


Hoy me acordé de él… y saqué del baúl de los recuerdos un extracto de un tango porteño que alguna vez fue citado por él:
“Alma, si tanto te han herido,
porque rechazar el olvido,
porque prefieres llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió…”
(si alguien sabe cómo continúa… )

Y ya van casi 5 años de eso.
Hay cosas personas que pasan rápido, pero que nunca se olvidan.

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No hay nada que desespere más que el no poder dormir. Que pasen los minutos, las horas, dando mil vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Recuerdo una compañera de universidad que tenía este tipo de problema: se dormía todos los días pasada las 4 am, para despertar tipo 11. Por lo mismo, nunca llegó a una clase en la mañana. Y yo que inicialmente pensé que era pura flojera.

Qué desagradable es cuando estás con sueño, pero un maldito pensamiento no te deja dormir. Puede ser un problema, alguna cosa pendiente, una discusión, etc. Al final, para poder dormir hay que dejar de pensar. Como si la mente en los sueños no pensara. Así de simple.
A mi me da insomnio especialmente cuando no duermo en mi cama. En ese punto es donde está mi “maña”: no hay como mi colchón y mi almohada. Creo que en cierto punto, equivale a lo mismo que me significa comer en mi casa (al final, el hogar de uno es lejos lo más cómodo para todo).

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