Mi pasado


Estoy celebrando un cumpleaños: Mi blog hoy cumple 1 año de vida.
La verdad es que he escrito más palabras de las que pensé algún día escribir (éste es el post número 140) y, también, recibí más visitas de las que imaginé (miles de ellas).
Es increíble como, con el paso del tiempo, este espacio se convierte en algo tan tuyo… aquí he relatado más de una infidencia, contado más de alguna historia, comentado más de una película y dejado más de una canción. Y todo es tan mío y tan público al mismo tiempo.

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Agradezco todas aquellas personas que pasaron por acá. Los que alguna vez pasaron, los que van y vienen y los que ya llevan tiempo viniendo.
Ahora espero tomarme un tiempo, encontrar nuevas motivaciones y crear nuevos espacios. Seguiré visitando a los de siempre, porque es algo que me agrada mucho.
Me
voy, pero dejo la puerta entreabierta, porque no pienso desaparecer.
Puede ser que vuelva, pero más renovada. Para seguir buscando las palabras… ésas que aún no encuentro.

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En la insistencia de muchos a ponerle nombre a todo, es que ahora existe una nueva forma de nombrar a las parejas que deciden no tener hijos: se les llama DINKI (Double Income, No Kids; Doble Ingreso, Sin Hijos).
Es así como estas parejas dejan de lado la paternidad para desarrollarse más en el ámbito profesional. Se dice que son ambiciosos, que invierten en viajes y en la decoración del hogar. Que -además- tienen tiempo para cuidar su imagen y mantener una nutrida vida social.
Éste estilo de vida va en aumento tanto en Europa como en Estados Unidos, especialmente en los menores de 35 años.

¿Y en Chile? ¿Cómo es visto esto? Tal vez para algunos sea un acto de egoísmo en el que soy incapaz de pensar en otra persona que no sea yo, en otras palabras, en que no quiero “formar familia” (asumiendo que ésta sólo se constituye con la llegada de los hijos y que por lo mismo, es el fin del matrimonio). Probablemente, para otros, esto pueda empezar a pensarse como una buena alternativa… un poco “loca” tal vez.

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De los tres personajes que marcaron -académicamente- mi paso por la universidad, hay uno al que recuerdo de manera especial. Me refiero a un caballero de edad, canoso y alto, que más bien parecía el doble del viejo pascuero que un profesor universitario. Por el hecho de dictar una cátedra de Neurología, es que durante años ha sido conocido por “neurito” (uno de los componentes de la neurona).
Reprobé su ramo (como la gran mayoría de mis pares) y al año siguiente me propuse no rendirme aunque los
resultados no fueran los más deseables. Y eso era lo que él buscaba: generar en sus alumnos un espíritu de superación que nos llevara a querer saber más.
Era de esos profesores que más que enseñarte ciertos contenidos, te enseñaba de la vida. Así es como una vez, entre apuntes y libros, nos dió una definición de la palabra “franqueza”:
Franqueza es: “decir, no todo lo que se piensa, sino lo todo lo que hay que decir”.


Hoy me acordé de él… y saqué del baúl de los recuerdos un extracto de un tango porteño que alguna vez fue citado por él:
“Alma, si tanto te han herido,
porque rechazar el olvido,
porque prefieres llorar lo que has perdido,
buscar lo que has querido,
llamar lo que murió…”
(si alguien sabe cómo continúa… )

Y ya van casi 5 años de eso.
Hay cosas personas que pasan rápido, pero que nunca se olvidan.

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No hay nada que desespere más que el no poder dormir. Que pasen los minutos, las horas, dando mil vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Recuerdo una compañera de universidad que tenía este tipo de problema: se dormía todos los días pasada las 4 am, para despertar tipo 11. Por lo mismo, nunca llegó a una clase en la mañana. Y yo que inicialmente pensé que era pura flojera.

Qué desagradable es cuando estás con sueño, pero un maldito pensamiento no te deja dormir. Puede ser un problema, alguna cosa pendiente, una discusión, etc. Al final, para poder dormir hay que dejar de pensar. Como si la mente en los sueños no pensara. Así de simple.
A mi me da insomnio especialmente cuando no duermo en mi cama. En ese punto es donde está mi “maña”: no hay como mi colchón y mi almohada. Creo que en cierto punto, equivale a lo mismo que me significa comer en mi casa (al final, el hogar de uno es lejos lo más cómodo para todo).

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La revista Rolling Stone recientemente publicó un artículo con las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Si bien los primeros lugares uno siempre los discute -sin llegar nunca a un consenso- creo que en general, es una muy buena lista con lo mejor de la historia de la música.
Puros clásicos.

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Pareciera que existe una tendencia del ser humano de buscar aquello que cuesta demasiado conseguir. No me refiero a aquellas metas que nos incentivan a lo largo de nuestra vida, sino que a aquellas motivaciones que nos demandan mucho, tal vez demasiado. Y satisfacer esas demandas, a veces, se torna una labor demasiado pesada. Como si lo simple no bastara.
Hay gente que lo persigue en el trabajo obsesionándose con encontrar una perfección que a veces ni siquiera es reconocida por el jefe. Otros lo buscan en lo espiritual, ámbito en el cual se involucran en creencias que delimitan su comportamiento radicalmente (y que a los ojos de los demás parecieran que casi sufrieran por seguir las ordenanzas de su religión). Y todo es buscando un supuesto bien supremo que vendría de la mano con la perfección.
Incluso hay quienes tienen hasta un rostro perfecto. Modales perfectos. Reacciones perfectas. ¿Una salida de madre? No, imposible. Eso echaría por el suelo todo lo conseguido. Ahí fallarías. Y de seguro, con lo perfecto que eres, alguien te enrostraría tu error.
Yo me agotaría con tratar de ser así.
Me quedo con mis imperfecciones.
Y con sus consecuencias.

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A todos nos pasa. Andamos en la calle pensando ó haciendo cualquier cosa, cuando de repente vemos a alguien que “se parece” a algún conocido. Qué más común que eso: tiene la mirada igual a…, el mismo pelo que…, etc.
El problema es cuando vemos casi la réplica de alguien. Eso me pasó la otra vez en el metro: se subió un sujeto TAN parecido a un amigo que estuve a punto de saludarlo (y eso que lo miré varias veces y a poco más de 1 metro de distancia).
¿Habrán dobles de la gente? Me imagino que sí, descartando por supuesto a los gemelos. Habrá alguien que se parezca tanto a ti, que incluso pueda “pasar” como si fueras tú?, ¿Seremos tan únicos como creemos? Sería bueno conocerlos, ver un cuerpo distinto al mío pero con una cara igual, con la misma mirada, que nos muestre el cómo se nos ve la cara de acuerdo a la emoción que sentimos.
P.D: Gracias a todos aquellos que me escribieron tan buenos deseos a propósito del post anterior. Siempre es bienvenida tanta buena onda.

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